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Impuesto parroquial 

En los 21 cantones suizos, las Iglesias de Estado pueden taxar impuestos a sus fieles.

A la excepción del canton de Bâle-Ville, los cantones se encargan del cobro del impuesto.
El impuesto parroquial, como todo impuesto público, es aplicado por el Estado.
 
En Neuchâtel y Genève no hay, en principio, ningún impuesto parroquial, ya que no existe reconocimiento alguno de derecho público de las comunidades religiosas.
En 2001, el canton de Neuchâtel concluyó un acuerdo con las Iglesias católica, evangélica reformada y católica-cristiana, en virtud del cual se pide a los fieles una contribución financiera facultativa en favor de sus Iglesias. La administración cantonal informa a las tres Iglesias acerca de los donantes y cuantías recibidas. Los gastos para la colecta de la contribución facultativa en favor de las Iglesias, están asumidos por el canton de Neuchâtel. 
Los cantones de Vaud, Tessin y Valais no tienen tampoco impuesto parroquial.
El Valais constituye una excepción: los municipios políticos y las parroquias forman todavía una sola entidad. Las necesidades de la Iglesia se finanzan a partir del presupuesto municipal.

Impuesto parroquial de entidades jurídicas

En los cantones de Berne, Bâle-Campagne, Appenzell, Rhodes-Intérieures, Fribourg, Glaris, Grisons, Jura, Lucerne, Nidwald, Obswald, Schwyz, Soleure, Saint-Gall, Thurgovie, Uri, Zoug y Zurich, además de los fieles, las empresas deben asimismo pagar impuestos parroquiales. Como las entidades jurídicas no son miembros de una comunidad religiosa en particular, el total de la colecta se distribuye proporcionalmente entre las comunidades religiosas reconocidas de derecho público, según el número de fieles de entre sus habitantes.
En los cantones donde se aplica la taxación, los impuestos parroquiales de las entidades jurídicas representan 25 a 40 por ciento de los beneficios recaudados en favor de las Iglesias del Estado. 
En el canton de Neuchâtel, las empresas están “taxadas” a partir de una base voluntaria. 
Los impuestos parroquiales de las entidades jurídicas, son el objeto de repetidas discusiones. De un lado existe el argumento de que las empresas pagan por comunidades religiosas a las que no pertenecen en modo alguno y de las que no pueden, como los fieles, ni beneficiar de una economia de impuestos, ni retirarse.
Por otra parte, las comunidades religiosas alegan que el dinero recibido de los impuestos de las entidades jurídicas está en su mayoría invertido en proyectos sociales y ejerce una función social general.